lunes, 22 de septiembre de 2008

El proceso - Franz Kafka (1925)





– ¿Y qué nos importan a nosotros? ––gritó ahora el vigilante más alto––. Se está comportando como un niño. ¿Qué quiere usted? ¿Acaso pretende al hablar con nosotros sobre documentos de identidad y sobre órdenes de detención que su maldito proceso acabe pronto? Somos empleados subalternos, apenas comprendemos algo sobre papeles de identidad, no tenemos nada que ver con su asunto, excepto nuestra tarea de vigilarle diez horas todos los días, y por eso nos pagan. Eso es todo lo que somos. No obstante, somos capaces de comprender que las instancias superiores, a cuyo servicio estamos, antes de disponer una detención como ésta se han informado a fondo sobre los motivos de la detención y sobre la persona del detenido. No hay ningún error. El organismo para el que trabajamos, por lo que conozco de él, y sólo conozco los rangos más inferiores, no se dedica a buscar la culpa en la población, sino que, como está establecido en la ley, se ve atraído por la culpa y nos envía a nosotros, a los vigilantes. Eso es ley. ¿Dónde puede cometerse aquí un error?


- Libro 9.2008 (♠ØØØØ) -


Una mañana, Josef K. es arrestado al parecer por un crimen de gravedad, sin que dicho hombre sepa de qué se le acusa, una circunstancia pesadillesca en la que, sin motivos coherentes ni lógica racional, se suceden acontecimientos de carácter onírico pero de desarrollo radical.