martes, 15 de mayo de 2007

El Teorema de los Infinitos Monos



El teorema de los infinitos monos afirma que un mono pulsando teclas al azar sobre un teclado casi seguramente podrá escribir finalmente cualquier libro que se halle en la Biblioteca Nacional Francesa. En una nueva exposición del mismo teorema, más popular entre los angloparlantes, los monos podrían escribir las obras de William Shakespeare.
La idea original fue planteada por Émile Borel, en 1913.
Después de 1970, la popular imagen de los monos se extendió hasta el infinito, convirtiéndose en que si un infinito número de monos mecanografiaran por un intervalo infinito de tiempo producirían texto legible.
Insistir en ambos infinitos es, empero, excesivo. Un solo mono inmortal que ejecutase infinitamente tecleos sobre una máquina de escribir podría escribir cualquier texto dado y un número infinito de monos podrían producir todo texto posible inmediatamente, sin demora.
De hecho, en ambos casos, el texto sería producido un infinito número de veces.

La idea es que, dado suficiente tiempo, pueden aparecer estructuras complejas a partir del azar.
¿Es equivalente el mono que teclea al azar hasta escribir Hamlet con los mecanismos evolutivos que partiendo de una ameba producen a William Shakespeare?

Para que el teorema de los monos infinitos sea aplicable debe ser infinito el número de monos o el tiempo que dedican a escribir. Como en la evolución ninguno de los dos parámetros es infinito, cabe cuestionarse si ambos han sido suficientemente amplios como para que la diversidad de seres vivos actuales pueda deberse únicamente a mecanismos evolutivos, o se ha necesitado "una ayudita" de un ser superior.
Por supuesto, los creacionistas, incluidos los partidarios del "diseño inteligente", sostienen esto último.
Los creacionistas argumentan que no hay tiempo suficiente para que se lleve a cabo la evolución. Posiblemente sea cierto, pero... en realidad, la selección no se hace aleatoriamente, sino que existe la selección natural, que elige las copias más interesantes (o para ser exactos, descarta las más fallidas). El azar propone un montón de hipótesis y la naturaleza es la que descarta las más inútiles para la subsistencia. La naturaleza es el crítico literario que nos dice si esta copia es equivalente al Quijote o a Hamlet y debe replicarse, o es un libro que merece caer en el olvido.
En realidad, lo que ocurre es que la evolución "tiene truco". La evolución no actúa simplemente combinando al azar nucleótidos hasta obtener el genoma de William Shakespeare, como el mono combina caracteres hasta obtener Hamlet. Si fuera así, ni siquiera creo que hubiera sido capaz de producir la más simple de las bacterias.
La evolución construye a partir de materiales existentes. Lo que la hace eficaz para obtener nuevos seres más complejos, no son los procesos de mutación (los que producen variabilidad) sino la reproducción, que en un entorno con recursos finitos es necesariamente selectiva.

Así que, señores creacionistas, me temo que la propia diversidad de la vida sobre la Tierra demuestra que la evolución por selección natural es un mecanismo suficientemente potente, y que la comparación con el puro azar es un truco para justificar la necesidad del "Gran Ingeniero".


http://es.wikipedia.org/wiki/Teorema_de_los_infinitos_monos

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