miércoles, 21 de mayo de 2008

Cuentos Modernos



ARTICULO 21
Art. 21.1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobiermo de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos.


Art. 21.2. Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país.

Art. 21.3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto.

Declaración Universal de Derechos Humanos, 1948.





Mucho se escribe acerca del voto por Internet en los foros de seguridad informática. Se habla de su posibilidad a medio plazo, y en ocasiones se alude a él como motor de la investigación criptológica. Yo es que soy un descreído: será porque vivo en un país en el que ha habido procesos penales por fraude en el voto por correo. Elecciones de lo más romántico, en plan Don Juan Tenorio: votaban fantasmas y monjas de clausura, y siempre a la extrema derecha.

Llamé al Cielo y no me oyó, y pues sus puertas me cierra, de mis pasos en la Tierra, responda el Cielo, no yo. Así que ahora quieren que votemos desde casa, para ahorrarse los dineros de organizar la mesa electoral. Mal asunto. Les digo lo que siempre he dicho del comercio electrónico: que desplaza el riesgo hacia el consumidor/votante.

Cuando un españolito de a pie (o una españolita motorizada, discriminación positiva mediante) vota en una mesa electoral, es bastante difícil que le estén apuntando con una pistola. Le pueden haber estado diluyendo el cerebro durante semanas, le pueden tener secuestrado a un familiar, le pueden amenazar con ponerle una bomba bajo el coche, pero a la hora de votar, nadie sabe qué hay dentro del sobre. Si ese mismo españolito lentorro, o españolita veloz, va a un Banco, el riesgo de un atraco lo asume la entidad financiera. Si otorga una escritura pública, el Notario es responsable de cualquier vicio en el consentimiento.

El voto telemático, como el comercio electrónico, permite la coacción. En el momento que un ciudadano-votante-consumidor hace clic, a lo mejor alguien hace clic a su lado, apuntándole a la sien, sin que ningún fedatario público pueda comprobarlo. Mucho hablar de sistemas criptográficos de clave pública, de sistemas biométricos basados en reconocimiento del iris, o de huellas dactilares, pero que yo sepa, a nadie le comprueban la tensión arterial. Quizás es que el Nasdaq se vendría abajo si a alguien le diese por ahí.

Mal que le pese a algunos, vivimos en un sistema democrático. Imperfecto, pero infinitamente más democrático que el actual gobierno de Internet: una oligarquía de tecnócratas. No podía ser de otra manera, teniendo en cuenta el escaso pedigrí democrático de las instituciones que dieron vida al engendro. Mucho hablar de la Red libertaria, pero a la hora de la verdad siempre mandan los mismos... anarquistas de derechas.

Ciudadano-votante-consumidor: el día menos pensado nos quitan los derechos a los que no consumimos. De hecho ya se lo han hecho a la mayor parte de la Humanidad. El voto universal, libre y secreto es la mayor conquista de la democracia. Hace poco me llamaron socialdemócrata por decir que el voto es la única arma de los pueblos libres. Pues que me lo llamen: siempre preferiré los votos a las botas.

Tengo delante mío una foto de febrero de 1936. Un jornalero cetrino, mal afeitado, pequeño, con un sobre en la mano, ante una urna de madera: somos nietos de esos españoles. El cacique no pudo controlar lo que que había dentro de aquel sobre, y tuvieron que recurrir a otro sistema para cambiar la voluntad del pueblo. Y todo por un papel escondido.

Quizás algún día podamos votar no sólo a los políticos, sino también a los directores de periódicos, y a los presidentes de consejos de administración, sin necesidad de tener acciones. El único camino para llegar a una sociedad así, pasa por mantener las tradiciones, algunas tan clásicas como la democracia.
Que no nos la roben con cuentos modernos.


Carlos Sánchez Almeida

http://www.kriptopolis.org/cuentos-modernos
acceso desde archive.org